¿Puede un chatbot leer tu carta? Astrología e inteligencia artificial

Christopher Kulendran Thomas, Being Human, 2019, installation view at Schinkel Pavillon, Berlin. Photo : Andrea Rossetti

Christopher Kulendran Thomas, Being Human, 2019, installation view at Schinkel Pavillon, Berlin.Photo : Andrea Rossetti

Un chatbot puede describir tu carta natal: listar planetas, signos, casas y aspectos, y armar frases verosímiles sobre cada uno. Lo que no puede hacer es lo que hace una lectura astrológica: un encuentro entre personas donde alguien responde por lo que dice. La astrología es un oráculo, no una base de datos.

Cada vez más gente le pide a una inteligencia artificial que le interprete la carta, o que le tire el tarot. No escandaliza; incomoda de una manera interesante. Antes de preguntar qué hace la máquina, conviene preguntar qué hacemos los astrólogos. ¿Cuántas frases de horóscopo podría haber escrito una máquina mucho antes de que existieran las máquinas? Y si el que está mecanizado ¿sos vos?

¿Por qué Mercurio no es un archivo?

Mercurio es el planeta más cercano al Sol y el más rápido del sistema. Nunca se aleja más de 28 grados de él: aparece al amanecer o al atardecer, jamás a medianoche. Vive en los bordes.

Más que un planeta, Mercurio es una pregunta. Para los griegos era Hermes: el mensajero que subía al Olimpo y bajaba al Hades, el ladrón simpático, el inventor de la lira, el guía de las almas. Para los egipcios era Thoth, el dios con cabeza de ibis que inventó la escritura, midió el tiempo y anotaba el veredicto cuando el corazón de los muertos se pesaba contra una pluma. En las dos tradiciones, la palabra y el pasaje van juntos. Hablar es cruzar. fronteras

Su símbolo, ☿, reúne la luna creciente, el círculo y la cruz. Rige Géminis, que pregunta y conecta, y Virgo, que ordena y corrige. Y entre los dos aparece algo que no es solo información: pensar, en clave mercurial, no es deducir sino vincular. ¿Puede vincular quien no tiene nada que perder en el vínculo?

¿Interpretar es lo mismo que procesar texto?

Las inteligencias artificiales de lenguaje son máquinas sofisticadas que trabajan con palabras. Resumen, traducen, imitan estilos. Pueden explicarte Venus en Escorpio con una prolijidad que da envidia. En ese sentido son mercuriales: viven del pasaje de un texto a otro. Erik Davis, en TechGnosis, mostró hace casi treinta años que la cultura tecnológica siempre estuvo llena de fantasías místicas: cada nueva red prometió una comunión de las almas. Paul Kingsnorth, en Against the Machine, lleva esa sospecha más lejos y habla de la tecnología como una fuerza casi espiritual que nos rehace a su imagen. Sam Kriss lo dijo con una imagen más filosa: en lugar de hablarnos entre nosotros, empezamos a hablarle a la máquina.

Pero la astrología nunca fue solo un catálogo de significados. Los antiguos tenían una palabra que me obsesiona: carmen, que en latín era canto, poema, conjuro y fórmula sagrada al mismo tiempo.

En ese mundo no había diferencia entre decir algo, cantarlo o hacerlo suceder. El lenguaje no era representación: era acción.

El filósofo J. L. Austin lo llamó, en el siglo XX, actos de habla: hay palabras que no describen el mundo, lo hacen. "Los declaro casados" no informa. Casa. Una lectura astrológica, en su mejor versión, es un acto de ese tipo. No por magia, sino porque ocurre entre personas que se miran, se equivocan y responden por lo que dicen, y a la palabra oracular de la astrología se le sigue la función pragmática de esa palabra sobre quién es apalabrado por la astrología, es decir, la ética del oráculo.

Para quien se sienta por primera vez frente a una carta hay un consejo que vale más que cualquier tabla: no se trata de hablar de los planetas, sino de hablar con ellos.

Cualquiera que haya dado una consulta conoce ese momento: estás hablando de una casa, de un aspecto, y la persona dice algo que no estaba en ningún gráfico. Un nombre, una mudanza, un silencio largo. Toda la lectura gira. ¿Dónde estaba eso en la carta? En ningún lado. Estaba en el encuentro. La carta es el mapa, pero el territorio lo trae quien consulta.

Entonces, ¿qué le falta al chatbot? No le falta vocabulario. Le falta algo más difícil de nombrar: alguien que responda por lo dicho. ¿Quién se hace cargo de las palabras de una máquina?

¿Qué hacemos cuando se pase la fiebre de la novedad?

La respuesta fácil es que los astrólogos tenemos que ser más accesibles, más interesantes, mejores que el chatbot. ¿Mejores en qué? Porque buena parte de la astrología que circula ya funcionaba como una máquina antes de que hubiera máquinas: el horóscopo de plantilla, las metáforas repetitivas y muertas como 'el sanador herido' y otros significantes vacíos, esas frases intercambiables, las aplicaciones que combinan datos astronómicos con textos genéricos y te mandan una notificación por día. La inteligencia artificial no inventó esa astrología. La automatizó. Y al hacerlo nos devolvió una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que decimos es conjuro y cuánto es relleno?

Justin E. H. Smith, en The Internet Is Not What You Think It Is, lo dice en tres palabras: calcular no es pensar. El sentido no está en la máquina; aparece en quien lee. Una carta natal leída por una máquina es eso: un cálculo impecable a la espera de alguien que piense. Y hay un riesgo más sutil. Una máquina que siempre tiene una respuesta a mano nos acostumbra a consumir explicaciones en lugar de producir preguntas.

La astrología no viene a hacer nada por nadie: sos vos quien hace cosas con ella.

Y sin embargo, ese "vos" nunca está solo. La interpretación se arma en diálogo: con quien consulta, con otros astrólogos, con la tradición que discutimos, con los libros que contradecimos. ¿No es eso lo que ninguna máquina puede simular, que alguien cambie de opinión porque otro le habló?

Esto no es una cruzada contra las herramientas. Una calculadora de cartas es una herramienta maravillosa. El problema no es la máquina que genera imágenes o lecturas, sino nuestra crisis de imaginación: empezar a leer cartas como lee una máquina, por su función, su rapidez, su capacidad de multiplicarse.

¿Qué sería, entonces, una lectura que ninguna máquina puede reemplazar? Una que se equivoque y pague por el error. Mercurio nunca quiso ser un archivo: quiso ser el que cruza y vuelve cambiado. La máquina vuelve siempre igual, y en esa diferencia entra todo el oficio. El resultadismo o la inmediatez de la producción maquínica de textos tiene ese asombro, a primera vista, pero como en la antigüedad hasta el día de hoy, quién quiere conocer su destino, paga el precio de subir la montaña y consultar al oráculo, cueste lo que cueste.

Daniela Hritcu for ARTnews

Preguntas frecuentes sobre astrología e inteligencia artificial

¿Puede una inteligencia artificial interpretar mi carta natal?

Puede describirla y armar frases sobre cada posición. Lo que no puede es la parte central de una lectura: el encuentro, la escucha y la responsabilidad de quien interpreta.

¿Qué planeta rige la comunicación y la tecnología en astrología?

Mercurio rige la palabra, el pensamiento y los intercambios. La astrología moderna asocia también a Urano con la tecnología y las redes.

¿Está mal usar inteligencia artificial para aprender astrología?

No. Puede ayudar a ordenar información o repasar conceptos. La interpretación, en cambio, se aprende en diálogo: con personas, con libros y con la práctica de tomar la palabra.

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Lecturas sugeridas

  • Gael P. Rossi, Supernova (Penguin Random House, 2025). El capítulo "Ahogarse en un océano de imágenes" y todo lo dedicado a Mercurio.
  • J. L. Austin, Cómo hacer cosas con palabras (1962).
  • Erik Davis, TechGnosis (1998).
  • Justin E. H. Smith, The Internet Is Not What You Think It Is (Princeton University Press, 2022).
  • Sam Kriss, "The internet is made of demons" (Damage).
  • Paul Kingsnorth, Against the Machine (2025).

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Por , astrólogo, poeta y dramaturgo. Consultas de carta natal y revolución solar.